
Limpiar esta habitación.
Buscar otro espejo.
Darle jabón a la voluntad.
Quitar telarañas a los papeles:
Encontrarles sitio.
Basta de aferrarse.
De ser piedra en un rincón.
De diluirse entre conceptos.
De entusiasmarse con miradas.
La palabra manifestada a otros lastima directamente.
Desde esta esquina se ve la imagen
como culebrón de jóvenes borrachos.
Igual a un recuerdo de tiempos ácidos.
Se acabo la noche romántica
con respiraciones al lado.
Hay una buena razón para despotricar:
Ellos no deben romper cosas por la calle
en una noche de juerga cual energúmenos
y menos tirar botellas contra un cristal
de madrugada
impresionando a algunos viandantes en la plaza.
Hablar con el moderado
y cuando resuene el primer lo siento.
Detener al ego.
Que una buena lección cuente a sus amigos de esa noche.
La resaca les confirmará el recuerdo
y el tiempo pondrá todo en su sitio.
Pasaron a ser actores de película con final en silencio.
Limpiar esta habitación.
Convertirla en un nuevo espejo.
Elizabeth Hernández Quijano ©
Huesca, 2009.
Huesca, 2009.